Una emergencia por Susana Pérez

Una emergencia

—Señorita, ¿me puede ayudar? Necesito un billete de avión a Bolonia, en Cádiz. Lo antes posible y lo más cerca posible de la playa.

La miro, no puedo creer que no me reconozca. Con el uniforme de trabajo, la faldita corta, el pañuelito, el maquillaje… ¿Tan distinta soy a la nuera que conoce desde hace ya casi tres años? También es verdad que nunca le caí bien, y nunca me miró con buenos ojos. Quizás nunca me miró, ahora que lo pienso.

—Tiene varias opciones, señora. Puede coger un vuelo a Rota que sale mañana por la mañana…

—¡Mañana por la mañana! No puede ser, tiene que ser ya. ¿No hay uno que salga en unas horas? ¿Alguno que salga ya mismo? —Se entiende por qué nos llevamos mal, ¿verdad? Típica señora insoportable, egoísta, con prisas… Y encima, ni me reconoce. ¡Que llevo tres años saliendo con su hijo!

—Otra opción es un vuelo a Jerez en siete horas y… —Continúo cortándola antes de que vuelva a quejarse. —Otro vuelo a Sevilla en cinco horas y media.

La miro, los cálculos y la preocupación descomponen su cara empolvada.

—Tardará más o menos lo mismo, contando con el trayecto en coche.

—No puede ser… — Y se desmorona ante mis ojos. Pedacito a pedacito, como una torre de naipes, rompe a llorar. —Mi hijo me necesita cuanto antes.

Se me cae el alma a los pies.

—Vamos en coche —digo sin pensarlo. Me mira sin comprender.

El viaje es muy incómodo. Conduzco lo más rápido que puedo. Sé que José está metido en una investigación súper secreta en Cádiz, ¿pero tanto como para meterse en un lío?

Tardamos cinco horas que se me hacen eternas, en las que sólo pienso en él. ¿Y si no le vuelvo a ver? No puedo ni imaginármelo.

Por fin llegamos. En la playa no hay luz, no hay nada.

—¿Estás segura de que está aquí?

—Sí. Mira hacia el agua.

Miro al mar. A la luz de la luna, una barquita se acerca a la orilla. Una única figura se yergue, ¿está de rodillas? De pronto, un millón de lucecitas blancas se encienden sobre las aguas y le iluminan a él, guapísimo, acercándose hacia mí. Y me iluminan a mí, con cara de boba y lágrimas en los ojos.

 

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