La vuelta a casa por Susana Pérez

La vuelta a casa

Una risa estrepitosa llenó el taller, haciendo tintinear las herramientas que colgaban de los ganchos en las paredes. Los dos soñaban con irse del país, irse del planeta, irse de la galaxia, y Bob, en concreto, soñaba con volver a casa. Llevaba cincuenta años en este planeta lleno de tecnología, donde la vida se había fusionado con la electromecánica, pero no tenían un sistema de navegación. Bob había venido al planeta para estudiar los avances científicos y tecnológicos y había terminado diseñando el primer coche volador.

—Es fácil diseñar objetos que vuelan cuando eres una babosa voladora, Bob.

—Eh eh, eso de babosa suena algo ofensivo, pedazo de tele parlante. Esto ya lo tenemos.

Y, con el último giro de tuerca, la nave se levantó en el aire. Los dos subieron emocionados y, no teniendo a nadie de quien despedirse más que de la fábrica de coches, despegaron.

—Conectando presuradores de cabina.

—Estabilizando y reequilibrando el condensador de fluzo.

—Ruta y destino fijados en planeta hogar.

—Coordenadas establecidas.

—Ensamblando en el tren de despegue.

—Preparando la eyección en 5, 4, 3, 2, 1…

 

Bob se conectó en el tanque de hibernación y se despidió de su amigo por una temporada.

La nave llegó a su destino, y Bob despertó en su planeta, en su país, en su casa. Pero su amigo se había convertido en óxido y herrumbre. El cálculo de tiempo había sido subestimado.

Al bajar de la nave, su familia le dio la bienvenida, pero algo pasaba. ¿Esa babosa que se le acercaba revoloteando era él mismo como larva? ¿Qué había pasado? ¿Había calculado mal las revoluciones del condensador de fluzo? ¿Había vuelto atrás en el tiempo? Chan chan chaaan.

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