Dos Almas por una . Relato escrito por Susana Pérez

Dos almas por una

Un fin de semana en un castillo sonaba muy bien cuando se lo dijeron sus padres, pero las inmensas salas con muebles aterciopelados y el aire cargado de polvo no era lo que se había imaginado. Nada más llegar empezó a estornudar. La alergia no ayudaba a odiar menos aquel lugar. Las pesadas cortinas apenas dejaban pasar la luz, dándole un aspecto tétrico a las pareces revestidas con un laberinto de cables y tuberías que se unían y ensanchaban según se iban acercando al techo, donde ocho cables anchos se juntaban en un cuerpo redondo, plateado y oxidado, como una araña gigante que les observara desde el techo.

– Mamá… – Sara se agarró a la mano de su madre, que estaba muy ocupada discutiendo con su padre sobre si primero merendaban y luego salían a dar una vuelta, o primero salían a dar una vuelta y luego merendaban.

– Ajjjjjaaamm – carraspeó la Ama de casa. A Sara le pareció, que lo había hecho a posta para que no se fijara más en la araña gigante. En todo el castillo sólo había una persona aparte de ellos, la Ama, que parecía aún más vieja que el polvo que había por todas partes. – Síganme. Primero la merienda.

Y sin más empezó a andar. Sara miró al techo, pero la araña ya no estaba. El techo y las paredes eran de un gris uniforme y vacío.

– Ay hija, no me aprietes tan fuerte, que me haces daño en la mano. Venga, que ya casi estamos.

Llegaron a una sala grande, todavía peor iluminada, con los mismos cables recorriendo las paredes en laberintos y … Sara no se atrevió a mirar al techo, pero no podía evitar mirar los cables, que parecían moverse muy despacio, como serpientes que engordaban y adelgazaban a pulsos. Un chasquido la sobresaltó. La Ama se acercaba a la mesa con una especie de fuente gigante, con una tapa redonda enorme, plateada y oxidada como la que había visto antes en el techo. Sara tragó saliva.

– Sentaos. – Las sillas eran también metálicas, y estaban unidas a la mesa por la misma encrucijada de cables. Sus padres dudaron, pero tomaron asiento. – ¿Niña?

Sara negó con la cabeza y dio un paso atrás.

– Yo me quedo de pie – tartamudeó.

– Bueno… dos almas serán más que suficiente para ella.

Y se apagó la luz.

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